30/9/15

Roma día 3: Vaticano, San Pedro y Trastevere

Los días de viaje se consumían. Aun quedaba mucho que ver y disfrutar pero la sensación ya era que había poco tiempo y no queríamos llegar al final del viaje. Éste día tocaba los Museos Vaticanos, la Basílica de San Pedro y por la tarde otro largo paseo por el Trastevere. 

Nos levantamos pronto para aprovechar toda la mañana en los museos y aun así se hizo una visita muy corta. Llegamos a la Plaza de San Pedro por la imponente Vía della Conciliazione, una ancha avenida coronada finalmente por la gran cúpula de San Pedro. Una vez en la plaza, posiblemente la más importante del mundo, es imposible evitar la piel de gallina. Dos grandes semicírculos formados por inmensas columnas abrazan la plaza y a todos sus fieles, turistas y peregrinos. Nada más llegar a la Plaza de San Pedro se nos acercaron decenas de personas que ofrecían visitas guiadas por el museo y la basílica. Hay que llevarse cuidado porque se dedican a engañar a la gente y hacerle pagar más; mucho ojo. Hay que evitar los cabreos y disfrutar de esa imagen que es única. Nosotros tuvimos una mala experiencia que contaré más adelante.

Plaza de San Pedro


La entrada de los museos no está en la misma plaza. Hay que bordear el recinto por el lateral derecho hasta llegar a la entrada pero te encuentras largas colas de horas para entrar a los museos o a la basílica y para evitar esto te recomiendo leer este post. Una vez en el museo, pasamos unos arcos de seguridad y ya estamos dentro! 

Odio con todas mis fuerzas que me metan prisa en los museos y aquí estaba mi madre para decirme que fuésemos a ver lo principal y nos saltásemos otras exposiciones que me interesaban. Cuando visité el Louvre a penas tenía algo de idea de historia y no valoraba lo que tenía delante. Esto fue un cambio radical. Llegué incluso a sentir agobio por querer verlo todo y tener que eliminar salas que visitar ¡no hay derecho!

Es un laberinto de salas y capillas con obras de todas las épocas de la historia: tapices, pinturas, esculturas, murales, grabados... todas ellas conservadas muy cuidadosamente y si era necesario, iluminaciones tenues y humedad regulada, que muestran su fragilidad. La sala egipcia, asiria y mesopotámica fueron las que más me gustaron, aunque también reconozco que me emocionó ver las esculturas de la Antigua Roma que estuvimos dibujando casi 4 años entre en la universidad. Son reales, grandes, bellas, de mármol, algunas anónimas, casi milenarias... son perfectas. También vimos capillas y algunas estancias como las de Rafael, donde las pinturas se te vienen encima. Obras donde domina tanto la pintura como el dibujo, con representaciones arquitectónicas perfectas gracias a una técnica súper refinada, estilo que predominó en la época clásica. La visita terminó con la Capilla Sixtina; siglos de antigüedad que perduran para ser contemplada a lo largo de la historia. Es una gran capilla pintada por Miguel Ángel 360º donde se euentra el Juicio Final o el gran símbolo de la historia de la pintura: La Creación. Sin embargo resulta imposible disfrutar de su gran esplendor, pues la agobiante capilla está abarrotada de gente y recomiendan no pararse. Mucho menos está permitido sentarse a contemplarla. Desde que la visita al museo toma camino de capillas y salas como la de Rafael, ya no hay quien pueda tomar un suspiro; todo de carrerilla hasta el final.

Torso de Belvedere

La Escuela de Atenas de Rafael
La Creación de Miguel Ángel en la Capilla Sixtina

Estuvimos unas 3 horas, pero no es nada para la cantidad de espacios que hay para ver. Desde los museos accedimos a la Basílica de San Pedro cuando más apretaba el sol. Aun con ese calor nos quedamos perplejos ante la inmensidad de la nave. Para sacar una buena foto en primera fila de La Piedad de Miguel Ángel tuvimos que esperar con paciencia, pero la conseguimos. Tocamos el pie de San Pedro sentado en su trono y nos acercamos a ver el Baldaquino de Bernini de cerca y el altar. Incluso para los poco devotos, observar el altar roza lo divino. Es algo mágico, hipnotizador... es indescriptible la paz que trasmite la luz cálida que entra por la vidriera del altar.

Vimos las tumbas de todos los papas que se encuentran en unas salas bajo tierra y un cambio de la Guardia Suiza en la salida de la basílica. Reconozco que me hacía mucha gracia verlos vestidos así  y tan serios. Nos quedamos mirando fíjamente a uno de los jóvenes que parecía que se aguantaba la risa... ¡es cierto, son personas! nosotros no podíamos evitar reírnos y al chico se le escapó más de una sonrisa que seguro que le podía haber costado un buen paquete. 

Después mi hermano y yo subimos a la cúpula. Hay posibilidad de subirla a pie por 5 € o por ascensor 7 € pero mi hermano y yo nos hicimos los valientes y optamos por subir a pie los más de 500 escalones porque: 1º somos jóvenes ¿si no lo hacemos ahora, cuando? 2º El deporte es bueno. 3º nos ahorramos 2 € por cabeza que venían genial para un helado por la tarde jijiji... y maldijimos el momento que optamos por subir las escaleras. El recorrido era infinito y cada vez nos faltaba más la respiración! por fin llegamos a la base de la cúpula, cuando parecía que ya habíamos llegado. Aquí nos juntamos con la gente que subía fresca por ascensor. Nosotros acalorados y llenos de sudor y ellos frescos como lechugas. Pero ellos tampoco se libraban, estábamos en la base de la cúpula para ver el interior de la catedral, pero había que subir a la parte superior y a partir de aquí quedaban 200 escalones más que además se iban estrechando cada vez más y las paredes se iban inclinando. Fue tan incómodo como agobiante, pero la recompensa mereció mucho la pena.

Interior de la Basílica de San Pedro
La Piedad de Miguel Ángel
La cúpula de San Pedro, obra de Miguel Ángel

Roma a los pies de la cúpula de San Pedro
Es como sentirse un pájaro sobrevolando la ciudad eterna. Ni un solo rincón de Roma se escapa a la vista de la cúpula de San Pedro. Al bajar, nos encontramos con mis padres y por la orilla del río pusimos rumbo al Trastevere a buscar un nuevo sitio donde comer de los que teníamos recomendados. Fue tan entretenido el paisaje y el paseo por el río que fue más largo de lo que en realidad nos pareció. Eran las 16 h. pero no sentíamos hambre. Llegamos al lugar que buscábamos y nos sentamos en nuestra primera mesita con mantel de cuadros en la calle, pero empezó a llover!! ¿¡de dónde!? ¡si hacía un sol terrible! así que tuvimos que meternos dentro. Pero fue lo de menos, la comida, al igual que en el resto de lugares, estaba delicioooosa. Yo me decanté esta vez por tortelinis con parmesano y setas. De postre panna cotta con frutos del bosque. Aprovechamos este ritual de deliciosa comida italiana para descansar las piernas para dar breve paseo por el pintoresco y auténtico barrio del Trastevere (parte de atrás del río Tíber, en italiano río Tevere).

Comiendo raviolis en el Trastevere
Inevitablemente nos fuimos a descansar al apartamento unas horas porque nuestras piernas ni siquiera respondían! ya andaban solas sin rumbo y sin sentir... desde las 8 de la mañana estaba claro que necesitábamos una siesta por lo menos de 2 horas. A las 18 h. nos acostamos a dormir y después salimos a dar una vuelta, aunque esta vez estábamos tan cansados y habíamos comido tan tarde que ni siquiera quisimos cenar... bueno, excepto el gigantesco helado que nos tomamos. La hora del helado tenía que llegar antes o después y se hizo esperar demasiado, pero lo perdonamos porque estaba buenísimo!

Después del momento gelato nos sentamos un rato en la Piazza Navona a ver a los artistas; pintores intentando vender sus últimas láminas, bailarines y cantantes haciendo sus shows en la plaza... el musical en plena calle de Michael Jackson dejó a todo el mundo con la boca abierta. No solo bailaba súperbien, era increíble su parecido físico. Después, una señora bailaba claqué para amenizar las cenas en las terracitas de Piazza Navona, cogió un micro y comenzó cantar canciones preciosas en italiano. Como algunas las sabíamos inocentemente empezamos a hacerle coros y la señora al darse cuenta señaló a mi madre con el micro y le animó a cantar (o sole mio!) no, no cantaban Pavarotti, pero sí Paolo Conte. Mi madre sin cortarse ni un pelo le cantó a toda la plaza Navona con el micro... qué vergüenza, con lo mal que canta!! jajaja...

Piazza Navona por la noche
Terrazas de la Piazza Navona

Anécdotas de última hora antes de irnos a dormir. De vuelta al apartamento nos volvimos a perder para variar, pero gracias a eso llegamos al Castel Sant'Angelo y conseguimos esta maravilla de foto. Última noche en nuestro apartamento :(

Castel Sant'Angelo

Día anterior                          Siguiente día
         





No hay comentarios:

Publicar un comentario