9/6/16

Ibiza día 3: de playa en cala y tiro porque me toca


Hoy tocaba conocer las playas del este de la isla pero cuando bajamos a desayunar por el jardín del me quedé mirando unos acantilados que se veían al fondo de cala Nova (donde estaba nuestro hotel) así que le propuse a Mario de ir a buscarlos. Desayunamos tranquilamente en la terraza con mis deliSiosos huevos revueltos con beicon, tortitas y un tazón de leche con cereales. Mi desayuno hotelero que nunca falla!

El balcón de nuestra habitación
Desayuno en el hotel

Subimos al coche y nos fuimos hacia aquella parte de la isla inventándonos el camino porque los recepcionistas del hotel no supieron indicarnos cómo llegar hasta allí (lo mismo llevan en Ibiza 2 meses, quién sabe). Así que llegamos a una urbanización que nada tenía que ver con el lugar al que teníamos intención de ir, pero era tan bonita, tan tranquila... qué paz. Entre la pinada se escondían unas casas muy monas, parques y jardines justo al borde del mar, y nos sorprendió lo limpio y cuidado que estaba todo.

Solo se oía silencio. Veíamos a los extranjeros desayunando en esos pedazo de balcones con vistas al mar, esas piscinas rodeadas de césped tan bien cuidado... por favor qué envidia! quién fuese rico...

Cala Mastella: Después de investigar un poco aquello nos fuimos a ver otra cala que había leído que estaba muy bien. Cala Mastella era una de estas calas casi secretas, no muy aptas para el baño porque el fondo es de roca pero muy pequeña y sin chiringuitos ni hoteles. Solamente había algunos ingleses a los que les apeteció recorrer ese camino hasta la pequeña cala. Si no fuese porque hoy era nuestro último día hubiéramos pasado allí la mañana. Pero no, teníamos que ir a otra de las playas más conocidas de la isla, cerca de San Antonio.


Cala Mastella

Playas de Cala Comte: Volvimos a hacer el recorrido del día anterior. Me he dado cuenta que la zona de San Antonio no me gusta mucho, por mucho monte con pinos que haya. Hay demasiada 'civilización'. Llegamos a las playas y lo primero que vimos fue un enorme parking con un terreno horrible repleto de coches. Habían coches aparcados casi de lado, encima de matorrales... tenía pinta de que no encontraríamos sitio pero ¡tachán! os dije que teníamos mucha suerte, justo cuando empezamos echar un vistazo un coche se iba y allí que aparcamos el nuestro mientras veíamos como los coches de detrás seguían dando vueltas y buscando.

Hacía tanto viento que llegaba a ser incómodo y hasta pasé frío y me tuve que poner una sudadera. Aun así las playas estaban llenas de gente tomando el sol y dándose un baño, no me lo explico. Pero la verdad es que parecía difícil resistirse a esas aguas, de las más azules que había visto en toda la isla y eso que allí había un poco de oleaje por primera vez!

Pero el ambiente de aquellas playas era diferente y no nos gustó tanto como las otras calas. A pesar de que hay un chiringuito-tienda hippie muy chulo, es una playa un poco de 'fiesta' o ese era el perfil de gente que había aquella mañana. Hasta era difícil encontrar un sitio para plantar la toalla de la cantidad de gente que había, pero el agua estaba espectacular. Me dio pena irnos de allí sin darnos un baño, pero es que había tanta gente.... y además ¡hacía frío!

Cala Comte



Cala Salada: Entonces pusimos rumbo a otra cala que seguro que sí que acertaríamos, también con bastante gente pero más repartida entre todos sus rincones. Atravesamos todo el camino de pinos hasta llegar a la zona donde estaban aparcados los coches. Casualidad que una pareja estaba preparando para subir a su coche e irse así que ¡volvimos a encontrar sitio a la primera! el tema del aparcamiento nos estaba saliendo sospechosamente redondo. Llegamos a la cala, otra cala casi virgen, sin hoteles ni apartamentos excepto ¡un chiringuito! como era la hora de comer nos acercamos a ver los precios de la carta: hamburguesa solo carne-queso: 5'5 € (solo queso, sin patatas ni bebida) nos pareció carísimo pero en realidad para estar en ese lugar... tampoco era tanto. Aun así se nos iba de presupuesto así que nos tomamos por 4 € entre los dos una jarra de medio litro de Estrella Damm. Mario siempre me dice que si me pagan por hacerles publicidad, ojalá, pero es que me llevan cautivando con sus anuncios de verano hace más de 6 años! así que tendré que dedicarles un post. Bueno, el momento Estrella Damm, junto con el desayuno del día anterior fue de lo mejorcito, pero ojo!, no por la cerveza. El lugar es PRE-CIO-SO!

Estos precios que os voy dejando es para que os hagáis una idea y os sirvan de guía, pero tener en cuenta que nosotros fuimos la primera semana de Junio. Julio y Agosto no tendrán nada que ver.




Después de ese momento cerveza nos fuimos en busca de un lugar tranquilo para tomar el sol y relajarnos. Nos fuimos por las rocas bordeando la cala hasta llegar a un lugar con vistas a la playa y donde no había nadie. Allí tomamos el sol y también nos dimos un refrescante baño.

No pude resistirme al agua tan transparente, así que finalmente acabé entrando como pude entre las piedras, rocas y erizos con mis gafas de bucear para no perderme la vida debajo del mar! Mario tuvo envidia y me acompañó en el baño ¡qué agua mas fría! pero era tanta belleza junta que nos daba igual.

Cala Salada



Era ya la hora de la siesta y aun no habíamos comido. Nos fuimos a San Antonio en busca de un Mercadona que ya teníamos divisado y nos compramos alguna tontería de comida rápida. Tras buscar la Cala Gració, Punta Galera y Cala Molí sin resultado, decidimos irnos a Cala Vadella que seguro que nos iba a gustar (la conocimos en un programa de Alberto Chicote jijijii) y llegamos ya por la tarde y el sol ya empezó a bajar.

Cala Vadella: Junto con la Cala San Vicente, esta fue la que más me gustó. La gente que vive allí es muy afortunada de poder visitar aquel lugar cada vez que quiera. Llegamos hasta la cala y allí entre chiringuitos estaba nuestra plaza de aparcamiento, la única libre. Entramos a la playa y pusimos nuestras toallas para sentarnos a comer (a las 5 de la tarde, sí) y disfrutar de aquel paisaje. Era todo tan perfecto que quería que se detuviese el tiempo para no moverme de allí ¡aquello es precioso! a la hora de irnos nos acercamos al agua, tan limpia como siempre. No pudimos evitar mojarnos los pies y por poco nos metemos enteros al agua! pero era tan tarde que tuvimos que irnos. No sabéis la pena que me dio irme de allí ¡y sin bañarnos!

Cala Vadella

¡qué fría!


Pero no había tiempo que perder, el sol se estaba poniendo y teníamos que llegar a algún lugar para ver la puesta de sol perfecta. Fuimos a Es Vedra a toda prisa. Entonces la carretera se terminó y nuestro GPS nos indicaba un camino de tierra casi intransitable... ¿qué hacemos, pasamos? por suerte, los 5 coches que llevábamos delante se metieron por ese camino... estaba claro que íbamos todos al mismo sitio así que decidimos seguirles.

Agujeros, baches... el coche de delante se movía tanto que nos avisaba dónde estaban los agujeros en el camino ¡y eso que no íbamos a más de 10! unos 15 minutos de trayecto por ese 'camino' rebotando dentro de coche que se me hicieron infinitos. Por fin llegamos y aparcamos como pudimos.

Entonces se nos plantó ante nosotros otra gran maravilla natural: el peñón de Es Vedra, enorme y rompiendo la línea del mar, un mar espectacularmente azul y tranquilo como una balsa y el sol cada vez más bajo, más cerca del horizonte.

En aquellos acantilados no había tanta gente como en las anteriores puestas de sol. Sería tal vez por el difícil acceso y porque tampoco estaba señalizado. Aun no se cómo llegamos hasta allí! pero se estaba muy bien, había mucha paz como en toda la isla y a pesar de la gente, silencio. Nos sentamos con los demás al borde de ese increíble precipicio y contemplamos el espectáculo, una experiencia inolvidable. Si tuviese que describir aquello con una sola palabra sería mágico, como todo en Ibiza. Fue un atardecer perfecto para despedir nuestros días allí. Solo de recordar aquello me dan ganas de llorar!! :(
Nuestro todoterreno, casi lo perdemos en ese momento
Es Vedra

Estaba claro que habíamos perdido el turno de cena en el hotel pero nos daba igual porque no valía más que aquella belleza que tuvimos la oportunidad de ver. Volvimos a las 11 de la noche a nuestro hotel y pasamos directamente por Santa Eulalia para cenar. Esta vez nos sentamos en la terraza de un restaurante chino que había al lado del hindú del otro día y nos pusimos las botas: pollo al curry, con almendras, tallarines, arroz tres delicias, rollitos de primavera y una sopa agripicante que fue el plato estrella de nuestro menú ¡riquísimo!, además de la bebida y unos cafés: 11 € por persona. Para que digan que Ibiza es caro!


Ya estábamos despidiendo, ahora de verdad, nuestro paso por la isla blanca y ya estaba haciendo una lista de qué es lo que visitaría cuando volviese. Nos quedaron tantas calas por ver, tantos rincones por descubrir... y encima se que volvería a muchos sitios que nos enamoraron... ¿habrá que volver pero para quedarse? ... sería perfecto!

Día anterior                          Siguiente día
         






1 comentario:

  1. Definitivamente lo vuestro es más que suerte. Si encontráis aparcamiento la primera vez sería suerte, pero tres veces seguidas?
    Tienes razón, cuando te vas con la sensación de que te quedan cosas por ver y disfrutar si puedes acabas volviendo. ¡Aquí estaremos para ver si os quedáis para no volver! :)
    Un abrazo Andrea!

    ResponderEliminar