16/12/16

Budapest día 1: una lujosa toma de contacto



Hicimos los trasbordos convenientes en el metro del centro y llegamos directamente a la puerta de nuestro hotel. Salimos a la calle y ¡ya estábamos en una plaza cualquiera del centro de Budapest! coches, autobuses, sirenas y mucho tráfico,  ruido, gente que va y viene y montones de comercios de kebabs y porciones de pizza para llevar, muy baratos y decorados con exageradas luces de neón a plena luz del día... parecía que estaba todo estudiado para cohibir a Mario.

Al fondo de una calle destacaba la torre barroca de nuestro bellísimo y lujoso hotel al que también le dedicaré un post especial. Tuvimos que dar un rodeo enorme hasta llegar al semáforo que nos permitiese cruzar aquella inmensa avenida pero estábamos a 2 minutos del hotel (menos aun si los semáforos no fuesen tan leeentos).

Nos plantamos en el hotel ante esa inmensa entrada barroca estilo 'Ritz' que imponía solo de mirarla, tanto que os aseguro que por un segundo me arrepentí de haber elegido ese hotel, pero solo fue un segundo. Después pensé 'vamos, no seas tonta que por un día te vas a sentir rica' y entramos a una sala preciosa de mármol con una enorme lámpara de cristal que colgaba del techo y un recepcionista que solo está para dar la bienvenida y guiarnos amablemente hasta la verdadera recepción.

Al llegar tan pronto no pudimos hacer el check-in así que el 1º recepcionista (o recepcionista de bienvenida como yo lo bauticé) le dejó nuestras maletas al bellboy, un auténtico tipo sacado de una peli antigua, puesto de abrigo y sombrero negro con un carrito portaequipajes. La visita turística al interior del hotel la dejamos para después ya que olvidamos por completo que llevábamos toda la noche sin dormir y nos moríamos de ganas por descubrir la ciudad.

Primera impresión de Budapest
Yo soy fácil de sorprender, está claro, pero estaba alucinada de lo bonitos que eran los edificios de aquella avenida y de cualquier otra. No me esperaba que Budapest fuese una ciudad tan señorial, aunque debo decir que estaba un poco sucia y abandonada, pero los edificios eran bellísimos. Mi impresión fue que no saben mantener las joyas arquitectónicas que tienen.

De camino por Rákóczi út en dirección al río encontramos una casa de cambio de divisa baratísima en el nº 26 (amarilla). Si no me equivoco era ésta pero comprobad que sea barata por si acaso. Por supuesto le cambiamos a ese señor todos nuestros € por florines porque imaginamos que no encontraríamos ningún sitio tan barato como ese y acertamos de lleno. Fijándonos a cómo estaba el cambio: 1 € equivalía en ese momento a 309 ft. el señor nos los cambió por 307 ft. Solo pagamos 1,5 € de cambiar todo, cuando el resto de cambios que vimos los siguientes días del viaje daban de 260 a 285 ft. por euro. Por eso si tenéis que cambiar os recomiendo ese sitio como el más barato.

Váci utca
Llegamos por fin a Váci ut, la típica calle peatonal y turística llena de gente en la que las tiendecitas tradicionales y recargadísimas de adornos de Navidad sobreviven entre grandes cadenas de ropa, hamburguesas y pollo. Allí nos saludó alguien ¿quién nos iba a conocer en Budapest? ¡los franceses del metro! que majos son :)

Nuestro paseo terminó en la navideña y animada plaza Vörösmarty tér porque ya iba siendo hora de comer y allí nos esperaba un monísimo mercadillo navideño con muchos puestos de comida tradicional húngara que nos cautivaba con su olor a salchichas especiadas a la brasa y vino caliente. El aspecto de la comida era buenísimo y había tan buen ambiente y tanta gente que decidimos hacer la comida allí.

Saco de nuevo a la luz el post de la comida típica húngara que nos sirvió de guía para escoger nuestro plato. Lo primero de todo una brocheta gigante que pintaba buenísima y no falló a nuestro juicio, después nos pedimos tölttöt káposzta para los dos (bolas de repollo con arroz y carne picada especiada) y con salsa agria ¿por qué no? húngaros a muerte! este plato no fallaba en ningún puesto y dijimos 'habrá que probarlo'.

Tölttöt káposzta
Vörösmarty tér
No quiero que mi opinión os condicione a la hora de probar este plato aunque sí el hacerlo en este lugar concreto. Fue probarlo por primera vez y pensar con mayúsculas: MIERDA, ESTA ASQUEROSO. Pero no dije nada y esperé a ver la reacción de Mario. La cara que puso al primer bocado lo decía todo... el plato estaba horriblemente agrio de por sí y nosotros aun vamos y le decimos a la chica 'echa, echa crema agria! tú no te cortes' ......


Aunque encontramos sitio para comer sentados en aquel mercado abarrotado, la experiencia en general fue mala. La comida nos decepcionó muchísimo y además nos pareció un robo. Una botella de agua pequeña, la brocheta y esa bola de repollo asqueroso nos costó 5.500 ft. que vienen a ser unos 18 €. Menos mal que Budapest era barato... pero claro, nos sentamos en el mismísimo mercadillo y nos lo tendríamos que haber visto venir.

Comentándolo con una compañera de clase me dijo que una amiga suya rumana le llevó a casa un día para comer ese mismo plato y le encantó, por eso no quiero pensar que en general ese plato está así de malo y creo que me atrevería a darle otra oportunidad.

Del mercadillo nos fuimos sobre las dos del medio día en dirección al río y vimos el Danubio por primera vez. Es enoooooome... y el Castillo de Buda y el Puente de las Cadenas... estábamos saboreando las mejores vistas de la ciudad. Sin embargo, a pesar de hacer un día de sol envidiable para ser pleno Noviembre en Budapest, el frío era insoportable rozando el umbral de dolor. Este día no llegamos a superar los + 4ºC al medio día.


Las fotos pueden parecer encantadoras, pero sacar la mano de los bolsillos y quitarnos el guante para hacernos alguna foto era todo un reto que cada vez aguantábamos menos.

Continuamos el paseo hasta llegar al Puente de las Cadenas y allí entramos de nuevo a la ciudad en busca de la Basílica de San Esteban y la avenida Andrássy út (el equivalente a la Gran Vía de Madrid, la Via Veneto de Roma o el Passeig de Gràcia de Barcelona). El sol ya estaba bajando y las calles iban quedando en la umbría húmeda y fresca que más odiamos. Nos metimos por una de esas aceras y pórticos que tanto se repetían por las calles de la ciudad y admirábamos las infinidad de tiendas antiguas de cristal de bohemia. Eso fue otra de las curiosidades de Budapest. La mayoría de locales eran tan viejos y sucios que costaba distinguir las tiendas abiertas de las cerradas y abandonadas; suena muy exagerado pero es la pura realidad, y es que era una ciudad muy bonita pero bastante retrasada en muchos aspectos.

Basílica de San Esteban
Al llegar a la plaza de la Basílica de San Esteban, la idea era visitarla por dentro pero el frío pudo con nosotros. Está bien, nos rendimos... así que nos encontramos con un Starbucks (tan oportunos como siempre) y optamos por la opción de tomar algo calentitos. Ya eran muchas horas seguidas expuestos al frío y además siempre aparece un Starbucks cuando más lo necesitas. Allí nos tomamos un frapuccino de caramelo (frío, lo se) y un trocito de New York Cheese Cake, una tarta de queso que repetiremos varias veces más en este viaje y por tanto me veo obligada a tener que poner una receta.



Salir de allí fue lo peor que tuvimos que sufrir ese día. Adaptarnos de nuevo a ese frío horrible... nos quitó las ganas de seguir viendo la ciudad y optamos por terminar la ruta rápido y llegar al hotel. Como la noche anterior no dormimos teníamos la excusa perfecta.

Recorrimos Andrássy út aunque no nos fijamos mucho en la grandiosidad de esa avenida porque el frío nos cegó hasta el punto que solo queríamos llegar a nuestro objetivo: el hotel. Hicimos una parada en nuestro camino y fue en la Ópera, un edificio precioso que me hubiese gustado ver por dentro incluso más que la Basílica de San Esteban que tampoco vimos.

Avenida Andrássy
Ópera de Budapest
Nuestro hotel
Era domingo y estaba atardeciendo (a las 3 y media de la tarde, sí) así que las calles empezaban a vaciarse y el frío nos obligó a darnos mas prisa aun. Por fin llegamos al hotel y el frío desapareció. Pasamos directamente a la verdadera recepción a la que antes no llegamos a acceder, un ostentoso y gran salón blanco y dorado de mármol. El hilo musical de fondo era un piano de cola que sonaba en directo desde el New York Café, considerado el café más bonito del mundo. Imaginad el lugar...

En recepción nadie hablaba español, maldita sea, pero algo nos pudimos entender, como que teníamos que hacer un depósito de 100 € durante nuestra estancia. Recórcholis, si eso era casi nuestro presupuest total del viaje... sin embargo no entendimos cómo llegar a nuestra habitación y nos perdimos por los pasillos del hotel dando vueltas y tuvimos que preguntar hasta 3 veces para llegar. Fue ridículamente gracioso. Entonces... abrimos la puerta de nuestra habitación a cámara lenta y .... sorpresa. Volví a cerrar y abrir de nuevo para comprobar que la habitación que vi no era una alucinación. Sí, era real, esa suite era tan real como la vida misma y entera para nosotros ¿una suite? nosotros reservamos una habitación estándar pero oye, tampoco nos íbamos a quejar...

Entonces nos dio el subidón durante más de un cuarto de hora. Definición de subidón: felicidad máxima e incapacidad de articular palabra, desorientación, curiosidad por cada detalle y cada rincón de la habitación, asogue e hiperactividad, falta de concentración, reír sin parar, evasión de la realidad... un ejemplo de estos síntomas, además de dar vueltas sin sentido por la habitación para ver lo espaciosa y grande que era, fue un interruptor que descubrí en una esquina. La habitación era tan grande que la íbamos descubriendo por partes y justo al descubrir que en la esquina había un enchufe, vi que el suelo tenía calefacción. Estaba tan calentito que me senté en él y al apoyarme en la pared también descubrí que las paredes eran blanditas y acolchadas. Vamos que el rincón era perfecto para echarse una siesta.


Después del cuarto de hora de surrealismo nos dimos cuenta de que las maletas ya estaban allí, que la tele nos recibió encendida con un hilo musical y que la temperatura era con la que llevábamos soñando todo el día. Nos acomodamos y en vez de dormir la siesta nos dimos un laaargo baño. También nos relajamos un rato en la cama, nos tomamos un café e hicimos las cuentas del dinero que habíamos gastado. A las 10 de la noche ya estábamos apagando la luz para dormir. El día, mejor dicho, los días fueron muy largos...

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