14/3/17

Budapest día 4: nos despide la nieve y el frío


Por ser nuestro último día en Budapest, portarnos como unos campeones en Bratislava y tener energías para salir después a los Ruin Pubs, hoy nos merecíamos dormir unas horitas más. El plan era levantarnos a las 8:30 - 9:00 sin prisas y terminar de visitar algunas cosas de la ciudad.

Amaneció el cielo muy gris y como siempre hacía un frío en la calle que a ver quién era el valiente que dejaba su casa calentita con la calefacción, pero este desayuno fue el mejor de toda la semana; fue mágico!! estaba yo preparando el desayuno y de repente me llamó Mario desde el salón para decirme que estaba nevando! "sí claro, y mañana navidad" me dije jajajaj, asomé la cabeza por el pasillo y solo vi nieve por la ventana del salón, era real! estaban cayendo unos copitos de nieve pequeños mezclados con lluvia se convirtieron en una nevada intensa. Parecía que estuviésemos dentro de una bola de nieve o una peli de Navidad... nos era imposible dejar de mirar por la ventana. Precisamente Mario y yo vivimos en Alicante al lado de la playa, 'qué bonito' no? no estamos acostumbrados a ver nevar. Fue perfecto para desayunar tranquilamente y tomarnos nuestro tiempo antes de salir. Aun así la emoción de esa nevada me hizo salir a terraza en pijama y descalza! era tan way todo que ni siquiera sentí frío. Cuando dejó de nevar salimos del apartamento que ya era hora de empezar a aprovechar el día y comenzamos a turistear.

Todas las calles estaban mojadas pero la nieve no llegó a cuajar y tampoco había nadie por las calles así que la ciudad estaba muy tranquila. El plan de hoy era volver a la colina de Buda para ver las vistas con "sol" desde el castillo, pero no dejó de chispear casi todo el recorrido desde el apartamento al Puente de las Cadenas. Desde arriba las vistas no eran las que hubiésemos deseado, pero estamos en Budapest; es como ir a Londres y pretender que en todas las fotos esté el cielo azul. Era un encanto diferente que no dejaba de gustarnos mucho.



Conforme avanzaba la mañana, daba igual el día tan feo que hiciese, los turistas comenzábamos a salir. Está claro, si venimos 4 días a Budapest no es plan de quedarnos un día en casa solo por unas gotillas de agua. El Castillo de Buda empezaba a recibir los primeros turistas.

Antiguamente este castillo era residencia de los reyes de Hungría, por eso también se le conoce como Palacio Real, aunque en la actualidad alberga una bonita biblioteca, la Galería Nacional Húngara y el Museo de Historia.


Continuamos paseándonos por esta parte de la colina que nada tenía que ver con la agitada Pest. Solo habías casitas de colores que parecen de cuento. Aquí las calles eran silenciosas y tranquilas, poco tráfico y mucho encanto. Las gotas que chispeaban empezaron a convertirse en lluvia y como andábamos buscando un lugar para almorzar algo optamos por refugiarnos en una cafetería haciendo tiempo para que la lluvia calmase. Fue un descanso muy agradable en una coqueta terracita cubierta donde veíamos llover al calor de la estufa que teníamos al lado.

Nos tomamos dos buenas dosis de café con leche como nunca lo había visto preparar aquí, Mario se comió un bocata super raro que tenía hasta pimientos y yo me pedí un trozo de tarta Dobos, que si recordáis el post de los platos y dulces húngaros ¡este era uno de ellos! pero no era gran cosa. Es más, he probado millones de tartas y cosas más ricas que esa en concreto.

Dobos cake y café con leche
Perdiéndonos por Buda

Después llegamos hasta el Bastión de los Pescadores, uno de los mejores miradores de la ciudad al que no accedimos porque no era gratuito, después bajamos de la colina para ver el Parlamento justo desde el otro lado del río. No había nada por allí mas que un barrio residencial bastante tranquilo típico del lado de Buda, que nada tenía que ver con el otro lado del río. Tampoco vimos turistas ni conocíamos nada, pero yo tenía claro que teníamos que ir allí justo al otro lado del Parlamento ¡necesitaba esa foto!

Cuando por fin llegamos a la orilla del río tuvimos que andar bastante para colocarnos justo enfrente. Así somos, necesitamos la foto perfecta. El tiempo se pasaba volando. Aun teníamos que llegar a Városliget (el City Park o parque) y ver los baños Széchenyi y el Vajdahunyad Vára (en castellano: el castillo innombrable). Todo eso antes de que se hiciera de noche, que contando con que el cielo estaba ya muy oscuro y que nosotros estábamos en el lado opuesto de la ciudad... 




El problema era que a ese lado del río no había nadie a quien le pudiésemos preguntar. Estábamos muy lejos del Puente de las Cadenas, pero también del Puente Margarita, así que la idea de cruzar el río a pie estaba descartada y no se nos ocurría cómo cruzar. Por suerte nos encontramos con la única parada de metro que había a ese lado del río.

Piénsalo, una parada de metro al otro lado del río suponía cruzar el río por debajo... las escaleras mecánicas subterráneas eran infinitas, como un paseo al centro de la tierra ¿a cuántos metros bajo tierra estaría el metro? daba vértigo!!

Llegamos a la línea más antigua de la ciudad, en uno de los metros más antiguos de Europa. Esas paradas de metro de Andrássy út tan antiguas junto con esos vagones te transportaban en el tiempo. La construcción de la línea 1 data del año 1896 (siiiii soy súper friki!!).

Por fin llegamos al City Park y lo primero que nos encontramos fueron los Baños Széchenyi, los más famosos de la ciudad. Dicen que si visitas Budapest hay que vivir la experiencia de bañarse un día que hiela, en sus piscinas exteriores con el agua a 37ºC. Pero Mario y yo nos moríamos de frío literalmente... ¿cómo demonios íbamos a imaginarnos allí dentro? vi salir de allí a una chica con el pelo mojado y en cuestión de segundos se le hicieron carámbanos de hielo jajajaja. Una locura.

Baños Széchenyi

Entre el día que hacía, los árboles sin hojas y el suelo mojado, el City Park estaba más triste que nunca. Además si combinas el frío que hacía con la humedad que había en el parque, allí no se podía estar. Dimos una vuelta rápida por el balneario y nos fuimos en busca de un castillo que teníamos fichado como muy interesante: Vajdahunyad Vára. Un castillo construido a finales del siglo XIX como reconstrucción de otras antiguas construcciones húngaras. Tampoco lo vimos por dentro ya que había que pagar...




A estas alturas ya sabréis que me encanta hacer la payasa. Terminamos el paseo por el parque hasta llegar a la Plaza de los Héroes sobre la hora de la siesta ¡se nos pasó la hora de comer sin darnos cuenta! aunque en realidad queríamos aprovechar la poca luz que hubo ese día ya que a las 4 ya se hacía de noche. Tomamos el metro aquí y nos fuimos a otro extremo de la ciudad (el día iba de metro). Nuestra última tarde en Budapest la queríamos pasar en el Mercado Central y de paso comer allí que decían que había mucha variedad y barato, decían...

Tomamos el metro y aun quedaba algo de luz, pero nada más bajar en la parada del Mercado Central ya era de noche. No sabíamos que no quedaba poco para que cerrasen, nos dimos una vuelta por la planta de abajo que era donde vendían la fruta, la verdura y todo tipo de productos húngaros. La planta de arriba estaba llena de pequeños locales donde poder coger algo típico de comida rápida húngara y comer allí mismo. Nos costó decidirnos entre tanta variedad aunque teníamos claro que no queríamos nada que llevase repollo agrio; salimos escarmentados el primer día. La comida rápida estrella de Hungría es el lángos, una especie de pizza hecha de masa frita a la que se le puede echar cualquier ingrediente a nuestro gusto, el mio era de queso, salsa de comino, cebolla y beicon ahumado que sabía a brasas recién cogidas de la hoguera, pero estaba muy rico. También había infinidad de puestos de souvenirs y de artesanía que no nos dio tiempo a ver porque ya los estaban cerrando cuando terminamos de comer. Menos mal que me dio tiempo a comprarme mi taza de capitales! (uno de los muchos souvenirs que colecciono además de imanes, llaveros, camisetas... en fin)

Plaza de los Héroes
Mercado Central
Lángos

Terminada la visita al Mercado Central y como ya no quedaba mucho por ver ni demasiado tiempo nos fuimos a descansar al apartamento, lo necesitábamos de verdad. Era completamente de noche, empezó a chispear y sentía más frío que nunca hasta el punto que quería llorar. Llegar al apartamento también me iba a hacer llorar de la emoción. Qué ganas tenía de calefacción y pijama calentito con café de vainilla y descanso, aunque teníamos una última cita con un restaurante del que habíamos leído muy buenas críticas de él. Tal apalanque a las 8 de la tarde casi nos hace perdernos el plan, pero nos armamos de fuerza y valor, nos abrigamos bien y tras el descanso volvimos a salir para disfrutar de la última cena del viaje, que merecía ser en un buen sitio. 

Al llegar al restaurante Menza nos quedamos con la boca abierta de lo chulo y 'chik' que era, con su hilo musical, su luz ambiente, su gente guay... y nosotros con nuestras pintas de turistas cargados de mochila y cámara, además el servicio fue excepcional. El momento estrella del restaurante fue al probar nuestro deseado goulash que se nos había resistido mucho ¡¡estuvimos a punto de volver a Madrid sin haberlo probado después de 4 días!! y bueno, yo pedí una sopa de la casa un poco a ciegas imaginando que sería estilo goulash pero no, y después un postre. Todo estaba delicioso así que nos fuimos de allí con muy buen sabor de boca. Y para nuestra sorpresa: la cuenta en total vinieron a ser unos 13 € por persona al cambio.


Oficialmente había terminado nuestro primer viaje al extranjero juntos. Volvimos al apartamento y nos acostamos pronto a dormir porque al día siguiente nos levantábamos a las 6 para hacer las maletas, tomar un metro y el bus hasta el aeropuerto y allí facturar a tiempo. Curioso que a las 6 de la mañana la ciudad ya estaba empezando a funcionar así que daba la sensación de que fuesen las 7 - 8. El día seguía muy triste pero ya estábamos tomándonos nuestro café de casi 4 € en el aeropuerto mientras nos reíamos de unos gorriones que ponían sobre un aparato de calefacción.

Llegamos a Madrid > Atocha > McDonals Atocha y después hicimos tiempo por Madrid mientras esperábamos a que saliera nuestro tren de vuelta. Así terminó definitivamente nuestro viaje, una gran aventura, sobre todo por ir de la mano de mi colmillo :)





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