5/4/18

Berlín día 1: costó pero llegamos


Amanecía un día entre semana, pero no era un miércoles cualquiera. A las 8 de la tarde mis compañeros de clase y yo íbamos a coger un vuelo a Berlín, pero hasta esa hora, el día transcurría con normalidad, más o menos.

Mario me acercó al instituto cargada de mochila, y no solo la que lleva la carpeta y los libros, sino la de viaje. Nos despedimos a las 8 de la mañana y entré a clase. Mis compis también tenían preparadas sus mochilas viajeras y conseguimos que los profesores nos dejaran salir unas horas antes para que nos diera tiempo de sobra a llegar al aeropuerto (sí, el vuelo salía a las 8 de la tarde y para nada era necesario saltarse clases, pero si cuela, cuela). Así Isa, Edu y yo nos fuimos al piso de Edu a comer y hacer tiempo mientras el resto terminaba de preparar su maleta. 

Edu nos deleitó con un "delicioso" plato vegano de espaguetis a la carbonara... de beicon vegano y nata de... ¿arroz? bueno, donde estén unos espaguetis carbonara de verdad que se aparte todo lo que sea vegano. Unas cervezas, un buen café ya que Edu es un experto cafetero, y una tarde de relax hasta las 17:30 que nos fuimos hacia el aeropuerto y allí nos juntamos con Ceci, Daniela y Miriam.

Estábamos muy exaltados. Además creo que es mi primer viaje que hago con amigos (el fin de semana de Fallas con 17 años no cuenta) y encima en el extranjero; todavía me pregunto cómo conseguimos ponernos de acuerdo en presupuesto, destino y fechas los 6 que íbamos de viaje.

Y por fin, a las 11 y pico de la noche llegó nuestro vuelo al aeropuerto Schönefeld de Berlín. Yo siempre tengo la costumbre de estudiar hasta el más mínimo detalle de cómo llegar del aeropuerto a la ciudad y al contrario, al igual que mis compis de viaje, pero esto de viajar en grupo nos hizo confiarnos demasiado. Total que nadie miró cómo llegar a la ciudad y estuvimos 3 horas para llegar. La gente del avión desapareció muy rápido y a esas horas no teníamos a quién preguntar, el transporte ya había terminado, nos las vimos muy mal para salir de allí y todo esto nos hizo perder mucho tiempo (es lo que tiene volar con Ryanair, que las horas de los vuelos no son las mejores...).

Optamos por coger un tren que pasaba cada hora y casualidad que salió justo cuando nosotros llegamos así que nos tocó esperar una hora más en una estación a la interperie soportando el frío más horrible de una noche de Febrero en Berlín. Nada de exageraciones, todo estaba cubierto de una espesa capa de nieve, que a esas horas de la noche era como estar en un congelador gigante. Además no sabíamos muy bien dónde nos iba a llevar el tren y cuánto tardaría; un desastre, vamos. 


Nos dejó en una estación a saber dónde y preguntamos a la poca gente que viajaba con nosotros cómo podíamos llegar al centro de Berlín. Entonces nos dijeron que tomáramos 'x' autobús urbano que nos dejaría en Alexanderplatz y hasta ahí pudimos llegar. Ya era la 1 de la noche y todavía no habíamos llegado a nuestro hostel. Total que tras perder media hora más pensando en la forma de hacer el último tramo, optamos por pillar un taxi que nos llevase de Alexander hasta la misma puerta de nuestro albergue y esa fue la solución más rápida. Llegamos en un cuarto de hora (menos mal que no fue caro), hicimos el check-in a las 2 de la noche y por fin llegamos a nuestra habitación de 6. Menos mal que la ocupamos nosotros completamente y no molestamos a nadie. Todo queda en familia :D

Ceci y Edu se fueron a "cenar" algo de la máquina expendedora de la cafetería pero al día siguiente queríamos madrugar así que nosotras pronto nos fuimos a dormir. El viaje comenzaba de verdad a la mañana siguiente!



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